Calentar la casa sin gastar mucho: lo que de verdad funciona

Cama con manta gruesa, una forma sencilla de calentar la casa sin gastar mucho

Las primeras noches frías llegan siempre antes de lo previsto, y con ellas la tentación de encender todo y olvidarse. Calentar la casa sin gastar mucho no consiste en pasar frío: consiste en dejar de pagar por el calor que se escapa por debajo de una puerta o por el cajón de una persiana. Estas son las medidas que más se notan, ordenadas de la más barata a la más cara.

Calentar la casa sin gastar mucho empieza por tapar las fugas de aire

Es lo más barato y lo que antes se nota. Una casa con corrientes nunca se calienta, por mucho aparato que pongas.

  • Puertas al exterior: pon un burlete adhesivo en el marco y un tapa-corrientes en la parte baja (ese rollo de tela que se apoya contra el suelo). Es donde más aire se cuela.
  • El cajón de la persiana es el agujero grande que casi nadie mira. Ábrelo y comprueba si está hueco: rellenarlo con una plancha de aislante cortada a medida cambia por completo la sensación en la habitación.
  • Ventanas antiguas: pasa la mano por el perímetro con la ventana cerrada. Si notas aire, una cinta de espuma autoadhesiva en el marco lo resuelve por unos euros.
  • Persianas y cortinas: bájalas y ciérralas al anochecer, todos los días. Una cortina gruesa hasta el suelo funciona como una capa más de aislamiento. Y ábrelas de día cuando dé el sol: es calefacción gratis.

Calentar solo lo que usas

Calentar una casa entera para estar en el salón es el error más caro que existe. Cierra las puertas de las habitaciones vacías y concentra el calor donde estás.

Para saber lo que te cuesta de verdad, la cuenta es simple: potencia en kilovatios × horas encendido = kWh consumidos. Un aparato de 2.000 W durante tres horas son 6 kWh; multiplícalo por el precio del kWh que aparece en tu factura y tendrás el coste exacto de esa tarde.

  • Termoventilador: calienta rápido y gasta mucho. Sirve para quitar el frío de golpe en el baño, no para tenerlo horas.
  • Radiador de aceite: tarda en arrancar pero mantiene el calor cuando se apaga. Es el adecuado para una habitación donde vas a estar toda la tarde.
  • Aire acondicionado con bomba de calor: si lo tienes, suele ser la opción más eficiente por cada kWh consumido. Mucha gente lo tiene instalado y solo lo usa en verano.

Y usa el termostato o el programador: 19-20 °C en el salón y 16-17 °C en los dormitorios es suficiente. Cada grado de más se paga todos los días del invierno.

La humedad es lo que te hace sentir más frío

El aire húmedo da sensación de frío aunque el termómetro marque bien, y además obliga al aparato a trabajar más. Bajar la humedad es, en la práctica, subir la temperatura percibida.

  • Ventila en cruz 5 o 10 minutos por la mañana, con las ventanas bien abiertas. En ese tiempo se renueva el aire sin que las paredes se enfríen, que es lo que de verdad cuesta recuperar.
  • Al cocinar y al ducharte, extractor encendido y puerta cerrada, para que el vapor no se reparta por toda la casa.
  • Evita tender la ropa dentro en habitaciones cerradas. Una colada suelta litros de agua al aire. Si no te queda otra, hazlo con la ventana entreabierta o con un deshumidificador.

Lo más barato es calentar a la persona, no la casa

Subir un grado la casa entera cuesta mucho más que abrigar a quien está dentro de ella.

  • Alfombras en suelos de baldosa: el frío que sube del suelo es la mitad de la sensación térmica.
  • Mantas de polar en el sofá, ropa de cama de franela y calcetines de casa. Suena obvio; funciona.
  • Una bolsa de agua caliente o una manta eléctrica consumen una fracción de lo que consume un radiador, y calientan a quien lo necesita.

Errores que salen caros

  1. Poner el termostato al máximo para que caliente antes. No calienta más rápido: solo se pasa de largo y gasta de más.
  2. Dejar un aparato encendido toda la noche con una ventana entreabierta "para que no cargue el ambiente".
  3. Estufas de gas o butano sin ventilación. Además del riesgo de monóxido, sueltan mucho vapor de agua y te llenan la casa de humedad.
  4. Secar ropa encima de un radiador o de una estufa. Es riesgo de incendio y humedad a partes iguales.

Empieza por lo primero de la lista: media tarde tapando fugas y colocando cortinas y alfombras se nota más que cualquier aparato nuevo. Si vas a renovar textiles de casa para el invierno, puedes echar un vistazo a nuestra selección para el hogar antes de que aprieten las heladas.