Frío, escarcha, suelos mojados, la sal que se echa en las calles cuando hiela y el aire seco de la calefacción: en invierno, las almohadillas del perro sufren más de lo que parece. Se resecan, se agrietan y, en los perros de pelo largo, se forman bolitas de hielo o de barro entre los dedos. Con unos cuidados sencillos antes y después del paseo se evita casi todo. Aquí tienes cómo proteger las almohadillas del perro en invierno y cuándo conviene ir al veterinario.
Por qué las almohadillas del perro sufren en invierno
Las almohadillas son resistentes, pero no invulnerables. En los meses fríos les afectan sobre todo tres cosas:
- La sal de deshielo: reseca la piel y escuece en las grietas pequeñas. Si el perro se la lame después, además puede irritarle el estómago.
- El hielo y la gravilla: sus bordes cortantes pueden arañar las almohadillas.
- La calefacción: en casa, el aire seco reseca todavía más la piel.
Si vives en la sierra o en una zona donde nieva, presta especial atención: allí se echa mucha sal en aceras y carreteras.
Almohadillas del perro en invierno: qué hacer antes del paseo
- Recorta el pelo entre las almohadillas con unas tijeras de punta redonda, a ras de la almohadilla. Así se pegan menos hielo, barro y sal. Si tu perro no se deja, mejor que lo hagan en la peluquería canina.
- Aplica un bálsamo para almohadillas. Una capa fina hace de barrera frente a la humedad y la sal. Masajea bien, también entre los dedos.
- Revisa las uñas. Si las oyes repiquetear en el suelo, toca cortarlas: las uñas largas separan los dedos y entra más suciedad.
Durante el paseo: evita la sal y el hielo
Siempre que puedas, elige parques, caminos de tierra o nieve limpia en lugar de aceras con sal. No dejes que tu perro olfatee ni coma nieve de los bordes de la calzada. Con hielo, mejor un paseo más corto.
Botas para perros: cuándo merecen la pena
No son imprescindibles, pero en algunos casos ayudan de verdad:
- si tu perro ya tiene las almohadillas agrietadas o sensibles,
- si paseáis por zonas con mucha sal o gravilla,
- en perros mayores o con muy poco pelo en las patas.
Lo importante es que ajusten bien: que no se resbalen ni aprieten. Acostúmbralo en casa con ratos cortos, premios y paciencia. Los primeros pasos suelen ser algo torpes, pero suele pasársele en unos días.
Después del paseo: limpiar, secar e hidratar
Es el paso más importante: cuanto antes quites la sal, mejor.
- Aclara con agua templada. Basta con un barreño en la entrada: sumerge la pata un momento y aclara con suavidad las almohadillas y el espacio entre los dedos. Nunca uses agua caliente, que reseca más.
- Seca a fondo con una toalla, también entre los dedos. La humedad que queda reblandece la piel y la hace más propensa a agrietarse.
- Revisa si hay grietas, rojeces o piedrecitas clavadas.
- Hidrata por la noche con otra capa fina de bálsamo.
Para el resto del año tienes nuestra guía sobre cómo cuidar las almohadillas del perro.
Un truco para casa: deja una toalla o un felpudo absorbente en la entrada para que el agua con sal y el barro no acaben en la alfombra. Y como en invierno el perro pasa más horas en el sofá y en su manta, el pelo se acumula enseguida; para eso tienes nuestro quitapelos autolimpiable para mascotas, un rodillo reutilizable.
Errores frecuentes
- Dejar que la sal se seque: si lavas las patas horas después, la sal sigue actuando todo ese tiempo.
- Secar con secador caliente: reseca todavía más las almohadillas. Con una toalla basta.
- Usar crema de manos de personas: suele llevar perfume y el perro acaba lamiéndola. Mejor un bálsamo específico para las patas del perro.
- Poner demasiado bálsamo: una capa gruesa hace que resbale en el parqué o las baldosas. Con una capa fina es suficiente.
Cuándo ir al veterinario
La sequedad leve suele mejorar con cuidados constantes. Consulta con el veterinario si una grieta sangra o es profunda, si la pata está hinchada o caliente, si tu perro cojea o si se lame o mordisquea una pata sin parar.